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Bautista Juan

Advertencias para los confesores de los naturales.

Conocido como incunable mexicano.

Primera parte. México, en el convento de Santiago Tlatelolco por M. Ocharte. Año 1600.

 El autor, tiene licencia fechada en México a 10 de julio de 1598 para imprimir sus advertencias, y para poder confesar a los naturales en lengua mexicana y castellana. Trata con dedicación, los casos de conciencia que pueden presentarse al momento de administrar los sacramentos  a los indígenas, y sobre todo en el de la penitencia, para absolver los pecados, dando consejo y remedio para sus culpas.

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Protesta-de-fe-Sor-Juana

Protesta de la fe y renovación de los votos religiosos que hizo y dejó escrita con su sangre la M. Juana Inés de la Cruz, monja profesa de S. Jerónimo de México. Por doña María de Benavides viuda de Juan de Ribera.  México. Año de 1695.

 

 

Jesús, María, y José. Yo, [Juana Inés de la Cruz], monja profesa de este convento de [San Jerónimo] de México, protesto que creo en Dios todo poderoso, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y creo que encarnó y se hizo hombre el Verbo para redimirnos, con todo lo demás que cree y confiesa la Santa Madre Iglesia Católica Romana, cuya hija obediente soy, y como tal quiero y protesto vivir y morir en esta fe y creencia, y que se entienda que no es mi voluntad hacer, decir, ni creer cosa en contra de esta verdad, por lo cual estoy pronta a dar mil vidas que tuviera y a derramar toda la sangre que hay en mis venas, y así como escribo con ella estos renglones, así deseo que toda se derrame, confesando la santa fe que profeso, creyendo con el corazón, y confesando con la boca esta verdad a todo trance y riesgo. Protesto también que pido confesión de mis culpas, de las cuales me duelo sobre todo dolor, por ser ofensas de Dios, a quien amo sobre todas las cosas, sólo por ser quien es, en quien creo, a quien amo, en  quien espero, que me ha de perdonar mis culpas por sola su misericordia infinita y por la preciosa sangre que por mí derramó, y por intercesión de mi Señora la Virgen María; todo lo cual ofrezco en satisfacción de mis culpas. Y así mismo, como monja profesa que soy (de que doy infinitas gracias renuevo la obligación de los cuatro votos religiosos y de nuevo hago voto de obediencia, pobreza, castidad y perpetua clausura, y reitero a Cristo, Señor y mi esposo, la palabra que le di de mi profesión (que tan mal le he cumplido, y de que me pesa en el alma) de no admitir otro amor, sino sólo el suyo, y guardarle la lealtad de verdadera y fiel esposa, enmendando lo que hasta aquí he faltado y doliéndome infinito de lo mal que he obrado. Todo lo cual prometo en presencia de la Santísima Trinidad y de la Santísima Virgen mi señora, y de toda la corte del cielo a quienes pongo por testigos de esta obligación que de nuevo hago y me obligo a cumplir con la gracia y el favor de Dios e intercesión de su madre santísima (cuya Concepción purísima libre de toda mancha de pecado en el primer instante de su ser, hago votos de creer y defender hasta dar la vida) y quiero que estas obligaciones sean irrevocables por toda la eternidad, y así lo firmé en [México 8 de Febrero de 1694].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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