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​El Centro de Estudios de Historia de México Carso, apoyado por la Fundación Carlos Slim, es una institución de carácter cultural cuya finalidad, desde un inicio, ha sido el rescate, conservación y difusión de impresos y documentos concernientes a la historia nacional, desde el periodo virreinal hasta nuestros días. En 1953, la empresa Conductores Mexicanos fue fundada por un grupo de inversionistas provenientes de la Fábrica Anaconda W. and Cable (de Estados Unidos), dedicada a la fabricación de alambrón y cables de cobre desnudos (que se colgaban mediante postes, de alto voltaje); la Sociedad Internacional Pirelli, (italiana) y un grupo de industriales mexicanos. Fue una sociedad anónima y se le conoció como Condumex. 

Once años después, en 1964, la idea de fundar una institución cultural nació, en parte, por la recomendación del bibliófilo mexicano José Ignacio Conde al licenciado Ricardo García Sáinz, entonces gerente general de Condumex. Fue él quien acompañó los inicios y aconsejó la adquisición de los primeros fondos, tanto bibliográficos como documentales.1 En aquella década de los años sesenta del siglo pasado, libros antiguos y archivos históricos se ofertaban al extranjero, particularmente en Estados Unidos para enriquecer sus bibliotecas. Eran tiempos en que a los archivos mexicanos, especialmente privados, no se les prestaba el debido interés, por lo que muchos fueron destruidos o, en el mejor de los casos, guardados y olvidados en las casas de los descendientes de personajes destacados en la historia mexicana. La conciencia de rescate y cuidado en general aún no figuraba. 

Asimismo, para esa década, la circulación de obras, particularmente de libros virreinales, se verificaba en el mercado nacional a precios accesibles, lo que facilitaba su adquisición por coleccionistas particulares. Fue en ese momento que la empresa, dedicada prioritariamente a la fabricación de cables eléctricos, vio la necesidad de resguardar los tesoros bibliográficos y documentales sobre la historia de México, dado que no existía una institución privada que se empeñara en ello. El país vivía un periodo de industrialización y la prosperidad de la economía internacional, entre 1963 y 1971, influyó en la mexicana, que creció al siete por ciento anual. Los empleos aumentaban, el tipo de cambio se mantenía constante en 12.50 pesos por dólar.2 La inversión privada se elevó en 1965 a 30 mil millones de pesos. Así, el apoyo a la cultura en manos de empresarios se facilitó. Para el caso de Condumex, la inversión fue mínima para el arranque del proyecto.3.

La intuición del licenciado Ricardo García Sáinz, así como la del Consejo de la empresa, dio como resultado la adquisición de una notable colección de libros y documentos mexicanos formada por el reconocido bibliófilo mexicano Luis Gutiérrez Cañedo, que se hallaba compuesta por casi 10 mil volúmenes relacionados con la historia de México, particularmente del siglo XIX además del Cedulario de la Nueva Galicia (relativo a la historia de la Catedral y la Universidad de Guadalajara), 400 expedientes acerca del desarrollo de la Diócesis de Guadalajara y 500 manuscritos e impresos sobre la independencia de México. Condumex no dudó en adquirir tal colección, que marcó los nacimientos de la biblioteca y el archivo del futuro Centro de Estudios. El lote fue adquirido en 1964 y, aún sin formalizar un departamento que se ocupara de su administración, se iniciaron actividades para catalogar y empezar a difundir este acervo. A partir de aquel momento el CEHM tuvo dos vertientes: el archivo y la biblioteca. 

Un año después, en 1965, la empresa Condumex aprovechó nuevas y sugerentes ofertas. Así se rescataron grandes archivos entre los que destacan el del presidente Venustiano Carranza y Emiliano Zapata, o bien, acervos de los conservadores mexicanos, tan señalados después del Segundo Imperio Mexicano: Ignacio Aguilar y Marocho, Juan Nepomuceno Almonte y Manuel Larrainzar. La mayoría de ellos llegaron en cajas, en malas condiciones y sin catalogar, labor que se fue desarrollando en la incipiente institución. Para el 19 de agosto de 1965 se estableció formalmente el Centro de Estudios de Historia de México, al que se confió de inmediato el valioso acervo adquirido con el propósito de cristalizar los objetivos de índole cultural de la institución. Se destinó una parte de las oficinas de Condumex en la Planta Vallejo, y así el CEHM conto con un local temporal para hospedar la naciente colección, con domicilio en la calle Poniente 140 de la colonia Industrial Vallejo. 

Los dirigentes de la empresa acudieron entonces a varios personajes destacados por su labor intelectual: don Jesús Reyes Heroles, quien se desempeñaba en ese momento como director general de Petróleos Mexicanos (1964-1970); Ignacio Bernal, arqueólogo dedicado a excavaciones en Oaxaca; Silvio Zavala, historiador yucateco experto en el periodo virreinal; Antonio Martínez Báez, abogado, jurisconsulto y apasionado por el proceso de la independencia de México; y Alfonso Noriega, abogado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Este primer consejo participó con los diligentes Eduardo Prieto López, Alejandro Álvarez Guerrero y el propio licenciado Ricardo García Sáinz. A partir de entonces de denominó Centro de Estudios de Historia de México Condumex. Como su director fue nombrado el señor Juan Luis Mutiozábal, quien se desempeñaba en la empresa en el área administrativa. Más tarde fueron nombrados otros consejeros: Edmundo O’Gorman, Antonio Carrillo Flores, Hugo B. Margain y Agustín Yáñez.

Una vez constituido el Consejo Consultivo, el Centro de Estudios llevó a cabo un programa de adquisiciones hasta alcanzar un volumen de impresos y manuscritos que desbordó la capacidad de las instalaciones originales. Se construyó entonces un lugar ex profeso, en terrenos de la fábrica de la colonia Vallejo, que permitiera alojar el acervo ya adquirido con mayor amplitud y comodidad, bajo mejores condiciones para preservarlo. En marzo de 1968, el Centro quedó instalado en un espacio propio, en Avenida Poniente número 140, lo que posibilitó el acceso cómodo a los primeros investigadores. Cabe destacar que las adquisiciones se efectuaron con una finalidad de rescate, como se ha puntualizado. En algunas ocasiones llegaron documentos más que notables, como el decreto, firmado por Venustiano Carranza, que promulgaba la Constitución de 1917. En este caso, y por su gran valor histórico, la empresa decidió entregarlo, en ceremonia pública en el Teatro Carranza de la ciudad de Querétaro, al presidente de la República Mexicana, licenciado Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), para que fuera reintegrado a la nación. Proceder parecido se verificó con el Diario histórico de Carlos María Bustamante (1774-1848), que fue donado a la Escuela de Estudios Superiores en presencia del mismo mandatario. 

En enero de 1976, por recomendación del doctor Edmundo O’Gorman y el maestro Eduardo Blanquel, catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, inició un proyecto con becarios provenientes de la Universidad bajo la encomienda de catalogar los archivos que se habían adquirido, para facilitar así a los alumnos de la carrera de Historia la elaboración de sus tesis de licenciatura. Así, Josefina Moguel Flores, quien posteriormente se desempeñó como jefa del archivo del Centro de Estudios (1981), y María de Lourdes Martínez Téllez iniciaron sus catálogos referentes al Archivo Carranza. Ese mismo año de 1976, bajo la dirección de la maestra María Teresa Franco y González Salas, la empresa otorgó becas al Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana; por lo que Ana María García Lascuráin, Alberto Sarmiento y Luz del Carmen Cedillo se dieron a la tarea de trabajar el archivo del general Bernardo Reyes que fue entregado al Centro de Estudios en copia fotostática. Posteriormente ingresó Josefina Mac Gregor para apoyar la catalogación del Archivo Carranza. Por otro lado el Archivo Jenaro Amezcua, conocido también como el del Ejército Libertador del Sur, Emiliano Zapata, fue trabajado por Patricia Bagües, quien fungía en esos años como responsable del archivo.

En cuanto a la biblioteca, el acervo fue creciendo con obras pertenecientes a la época virreinal, prioritariamente. Durante la gerencia del ingeniero Álvarez Guerrero, el director Juan Luis Mutiozábal y el doctor Edmundo O’Gorman se dieron a la tarea de ir por libros a España, para lo cual contactaron a los mejores libreros para la compra de ejemplares antiguos y raros. Hemos de destacar al primer bibliotecario del Centro, Manuel Wulrich (entre 1967 y 1973) pues fue quien preparó a José Gutiérrez Pérez, a la sazón de apenas 17 años, como el siguiente bibliotecario, labor que desempeña hasta el día de hoy.Hacia 1977, tras irse expandiendo tanto los archivos como la biblioteca del CEHM, el ingeniero Julio Gutiérrez Trujillo, presidente de Condumex (1977-1993), materializó el deseo de reubicar el Centro de Estudios en una zona de amplia actividad cultural, cercana a instituciones docentes de la ciudad. Esto posibilitaba la consulta de estudiosos e investigadores de nuestra historia por emplazarse en un sitio mucho más accesible en medios de transporte público o privado que la Colonia Vallejo. Hacia esos años la Ciudad de México crecía de forma vertiginosa. 

La nueva sede del Centro de Estudios se ubica en la casa número uno de la plaza Federico Gamboa, en el antiguo barrio de Chimalistac, sito en la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México, conocido particularmente por la novela de Federico Gamboa, Santa, lo que lo convierte en digno emplazamiento para un acervo tan rico. El Centro reconoce ampliamente la visión que tuvo el ingeniero Gutiérrez al encontrar el lugar idóneo para hospedar a una institución dedicada al servicio de la cultura en México. A partir de 1978 el CEHM Condumex amplió su público consultante, pues se empezaron a ofrecer conferencias a todo público y continuó su política de adquisiciones. 

Con el paso del tiempo, el acervo del Centro se siguió enriqueciendo con algunos documentos que casi llegaron por obra del destino. Por ejemplo, la Ordenanza de Cristóbal Colón, fechada en 1493, de extraordinario valor porque en ella se escribió el inicio del contacto entre Castilla y el Nuevo Mundo. El doctor Edmundo O’Gorman se dio a la tarea de estudiarla y autentificarla y se volvió un ícono del Centro de Estudios, pues a la fecha es uno de sus grandes tesoros documentales. Otro más es producto de un rescate: el Códice Condumex o Lienzo Totomixtlahuaca, recuperado en una subasta en San Francisco, California, y reintegrado al país. Una edición facsimilar de este códice, que data de 1554 y entrelaza el mundo prehispánico y el virreinal, fue entregada por quien esto escribe, como director del CEHM, en ceremonia pública al mismo pueblo de Totomixtlahuaca, en el estado de Guerrero, en 1994 (actualmente se encuentra en la sala del cabildo municipal).

En 1991 dio inicio una nueva dirección. Y puede afirmarse que también comenzó la etapa de consolidación del Centro de Estudios. Prioritariamente se ha dado mayor atención a la recuperación de archivos, ya que el antecedente del rescate, catalogación y difusión de lasobras fue divulgado en diversos medios, lo que apeló a la generosidad de coleccionistas y familias para que donaran sus archivos privados.Por otro lado, la empresa continuó con la adquisición de obras y cabe destacar que el licenciado Jorge Denegre Vaught, el librero más competente en el mercado, antes que ofrecer sus obras a otra institución tuvo por prioridad al Centro de Estudios. Para las adquisiciones de obras se integró un comité bajo la dirección del doctor O’Gorman, quien semana a semana dedicaba una mañana para estudiar las ofertas y dar su parecer. Asimismo, el licenciado Martínez Báez, la doctora Josefina Muriel y el doctor Elías Trabulse apoyaron a la dirección para recomendar las compras. Con sus consejos se continuó enriqueciendo el archivo. 

Ingresaron nuevos consejeros: Manuel Cortina Portilla, Andrés Lira, Enrique Florescano, Patricia Galeana, Fernando Solana y Enrique Krauze, además de los directivos de la empresa. En 1992, Condumexpasó a formar parte de Grupo Carso y, en consecuencia, también el Centro de Estudios. A partirde ese momento se inició una nueva etapa de desarrollo en las adquisiciones bibliográficas y documentales, así como la difusión de las mismas.

La presencia del ingeniero Carlos Slim Helú en un inicio, y posteriormente del licenciado Carlos Slim Domit y Soumaya Slim Domit, ha dado un nuevo y decisivo impulso al caminar del Centro de Estudios. El Consejo Consultivo se amplió con la presencia de Margo Glantz, Carlos Monsiváis, Guillermo Tovar de Teresa, José Iturriaga, Teodoro González de León, Carlos Martínez Assad, Federico Reyes Heroles, Ernesto de la Peña y Enrique González Pedrero.

Entre las actividades más destacadas de esta etapa, y con la finalidad de llevar a cabo un proyecto que reuniera a los principales archivos privados, en 1994 el Centro de Estudios de Historia de México fundó la Asociación Mexicana de Archivos y Bibliotecas Privados, A.C., con la colaboración de los Archivos Calles Torreblanca, el Colegio de las Vizcaínas, Acervos Históricos de la Universidad Iberoamericana, Acervo de la Compañía de Jesús, Orden del Carmen Descalzo, Fomento Cultural Banamex y Archivo Histórico del Banco Nacional de México. A la fecha esta sociedad está compuesta de 25 miembros y mantiene una presencia firme en el medio intelectual, al difundir sus acervos mediante publicaciones y congresos. Asimismo, la Sociedad Mexicana de Bibliófilos, A.C., fue fundada por el Centro de Estudios en 1997, al retomar una asociación que había sido abandonada en la década de 1940. Dicha sociedad tiene por objetivo publicar en facsimilares las obras más raras de la época virreinal y del siglo XIX, y la mayor parte de sus originales se ha consultado en la colección del Centro de Estudios. Hasta el día de hoy ha publicado 16 obras para sus más de 120 miembros. Sus presidentes han sido don Juan Sánchez Navarro, a quien le relevó el ingeniero Julio Gutiérrez Trujillo, el capitán Angel García Lascuráin, el doctor Elías Trabulse, la doctora Cristina Torales Pacheco y el presbítero José Gerardo Herrera Alcalá, su actual presidente. 

Para las conmemoraciones por el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, el Centro de Estudios, apoyado por Condumex, llevó a cabo dos programas de difusión: en Canal 11, con 26 entrevistas a los historiadores más connotados del país y del extranjero; y en el Instituto Mexicano de la Radio, a través de 28 programas radiofónicos con historiadores de diversas instituciones. Asimismo, la Fundación Telmex y el Centro de Estudios lanzaron un proyecto de becas enfocado a alumnos que preparan sus tesis de licenciatura, maestría y doctorado en las diversas universidades del país. 

A la fecha se ha becado a 50 tesistas, que en su mayoría han concluido y defendido sus trabajos finales. En esta coyuntura conmemorativa, el Gobierno del Distrito Federal distinguió a nuestra institución con la Medalla 1808 (premio instituido en honor de los licenciados Primo de Verdad y Ramos, Juan Francisco de Azcárate y Lezama, fray Melchor de Talamantes y otros miembros del Ayuntamiento de la Ciudad de México, que aquel año protagonizaron el primer intento de Independencia en la Nueva España). Así el gobierno capitalino reconoció los méritos del CEHM por sus grandes contribuciones a la difusión del conocimiento y la investigación sobre la historia nacional. La entrega tuvo lugar en una ceremonia pública dentro del Antiguo Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de México, el 19 de julio de 2010, presidida por el entonces jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubon.

Poco tiempo antes, en 2008, la Biblioteca Digital Mundial (WDL) y su director, el señor James H. Billington, invitaron al Centro de Estudios a participar en la fundación de un proyecto sumamente ambicioso. Se trataba de presentar a nivel mundial los documentos escritos a través de la historia de la humanidad, al menos uno por cada país, y resguardados en diferentes bibliotecas o museos del mundo. El Centro de Estudios fue la única institución mexicana con representación, por lo que publicó en versión digital algunos de sus documentos más representativos, como la Ordenanza de Cristóbal Colón, la Cédula Real de la fundación de Tlaxcala, el Códice Totomixtlahuaca y el Catecismo de fray Jacobo de Testera, entre otros. El éxito de esta página quedó patente en sus millones de consultantes. 

Por otro lado, con posterioridad y como secuencia de la Página Digital de Mundo, en noviembre de 2010 se fundó la Biblioteca Digital Mexicana por cuatro instituciones culturales ligadas a la historia (el Archivo General de la Nación, la Biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Centro de Estudios de Historia de México Carso) que decidieron unir esfuerzos para crear una biblioteca digital multi-institucional en nuestro país. El Centro de Estudios publicó diez documentos entre los que destacan el Catecismo Testeriano (1524), el Códice Totomixtlahuaca (c 1570) y el libro en náhuatl Huey Tlamahuizoltica (1649), documento clave para la historia guadalupana. 

Los congresos de diversos temas de la historia patria se hicieron presentes, pues el Centro de Estudios en colaboración con otras instituciones académicas (como El Colegio de México, el Instituto Mora, la Universidad Iberoamericana, la Facultad de Filosofía y Letras, así como los institutos de Investigaciones Históricas, Bibliográficas y Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México; el Archivo General de la Nación, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Academia Mexicana de la Historia) ha auspiciado en las últimas dos décadas más de 40 congresos nacionales e internacionales sobre el virreinato, el proceso de independencia, las relaciones Iglesia-Estado, el liberalismo, el Segundo Imperio Mexicano, el Porfiriato, la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera. Por su parte, se han incorporado al acervo del CEHM grandes archivos como los de Lucas Alamán, José Yves Limantour, Enrique Creel, Antonio Soto y Gama, Salvador Novo, Roberto Montenegro, Remedios Varo, Oscar Morelli, Carmen Montejo, Catalina Pérez de Salazar y los de las familias Martínez del Río, Saldívar, Bernal Verea y Ramos Medina, entre otros. A su vez, también se han recibido documentos, fotografías e impresos que no pertenecen a un archivo en especial, pero que son de gran utilidad pues complementan el acervo.

En cuanto a la biblioteca, se ha incrementado la colección hasta sumar, a la fecha, 83 mil volúmenes, entre los que destacan “incunables americanos”, obras impresas durante el virreinato y en los siglos XIX y XX. La donación de la Biblioteca Bruno Pagliai (misma que fue entregada por su abogado, Gumersindo Quezada Bravo, y que posee una gran valía), así como la de Bertha Flores Salinas (especialista en el Segundo Imperio Mexicano) han enriquecido la colección marcadamente. 

Entre 1991 y lo que va de 2015 se han auspiciado más de 500 conferencias en más de 48 ciclos, además de charlas especiales propiciadas por fechas particulares. A su vez, numerosas presentaciones de libros, mesas de discusión académica, conciertos y obras de teatro han dotado de más vida al Centro de Estudios al ayudar en la difusión de sus acervos. Asimismo, el CEHM ha recibido a investigadores internacionales que se hospedaron en el propio Centro para trabajar sus acervosy biblioteca e impartir conferencias, como han sido los casos de David Brading, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra; Serge Gruzinski y Jean Pierre Berthe de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París; Dominique de Courcelles, de los Archivos Nacionales de Francia; Thomas Calvo, del Colegio de Michoacán; Asunción Lavrin, de la Universidad de Tucson, EUA; Horst Pietschmann de la Universidad de Colonia, Alemania; Tetsuya Amino, de la Universidad de Tokio, Japón; Raymond Buve, de la Universidad de Leiden, Holanda; Margalit SchallmanSagray, de la Universidad Ben-Gurión del Neguev, Israel; y Nadine Beligand, de Francia. 

En cuanto a sus publicaciones, a partir de 1967 el Centro de Estudios dio a conocer algunos de sus tesoros bibliográficos, distinguiéndose por sus ediciones facsimilares y sortear la dificultad, en aquel entonces, de encontrar obras antiguas y raras para su consulta. Destacan en cuanto a documentos el Plan de Iguala (1821) y las Cuatro Cédulas Jalisciences, pertenecientes al primer archivo del Centro. Y obras como La crónica de la conquista de México, de Francisco López de Gómara; Las cartas de relación, de Hernán Cortés; el Vocabulario de la lengua Michoacana, de Maturino Gilberti y las Tardes Americanas, de José Granados Gálvez, entre otras. Además de sus ediciones facsimilares, el CEHM se dio a la tares de publicar los catálogos de los primeros archivos de su colección, que en nuestra actualidad de medios digitales se ha dejado de lado. Otras de sus publicaciones han surgido de conferencias destacadas, discursos de algunos de nuestros consejeros, memorias de congresos organizados por el CEHM o en colaboración con otras instituciones, así como de estudios generados por los investigadores visitantes; entre estos últimos: David Brading (Nueve sermones guadalupanos), el doctor Miguel Mathes (Bibliotheca novohispana guadalupana) así como Thomas Calvo, Dominique de Courcelles, Serge Gruzinski y Raymond Buve. Cabe destacar que el 12 de septiembre de 1996, en colaboración con el doctor Enrique Florescano y la doctora Clara García, se instituyó formalmente el Día del Historiador, fecha que ha quedado como la celebración del gremio de los historiadores y se festeja actualmente en todas las instituciones que cuentan con estudios de licenciatura, maestría o doctorado en la disciplina histórica.

El apoyo generoso de la Fundación Telmex se ha mostrado a partir de 2008 a través del proyecto de la digitalización de los fondos del CEHM, erigiéndose en todo un modelo en el medio archivístico mexicano. En un inicio, cuando la tecnología aún no estaba tan avanzada, ya se utilizaban en el Centro los métodos fotográficos más modernos y luz fría para no dañar los documentos. Y cuando algunos de éstos llegaron deteriorados de origen, su digitalización propició su rescate inmediato. Es preciso señalar que los fondos iniciales del Centro de Estudios se empezaron a catalogar en 1965 de forma muy artesanal: se ocupaban fichas mecanografiadas que posteriormente se reunían en placas de madera para ser fotografiadas y poderse publicar en guías para agilizar su consulta. Tal fue el caso de los archivos Luis Gutiérrez Cañedo, Jenaro Amezcua, Ignacio Aguilar y Marocho, el del Virrey Venegas, de Enrique Cervantes (referente a gremios virreinales) y el de Venustiano Carranza (el más extenso). 

Las primeras computadoras arribaron al Centro de Estudios en 1991. A partir de entonces la catalogación de la biblioteca se efectuó mediante un programa especializado que, en su momento, fue el más novedoso, lo que permitió un gran avance en el inventario de los libros. El proceso de digitalización de los archivos se inició en agosto de 2008; en el comienzo, se ocuparon los catálogos ya elaborados con anterioridad para vincularlos de inmediato con las imágenes correspondientes. El primer archivo digitalizado fue el de Lucas Alamán, compuesto de 2,283 legajos y que llegó al Centro en 1994. Se le escogió en funciónde la complejidad que su digitalización implicaba, en vista de sus documentos de diversos tamaños, cosidos en legajos de piel; sus recortes de periódicos, sellos de agua, partituras musicales, etcétera. Este primer paso se extendió por más de tres meses, experiencia que dio como resultado mayor agilidad en el manejo de la documentación. Al día de hoy prácticamente están digitalizados todos los archivos (más de un millón y medio de imágenes), que pueden consultarse por todo público en el sitio electrónico del propio Centro (http://www.cehm.com.mx). 

Como resultado de estos afanes digitales, las consultas web al Centro de Estudios se han multiplicado de forma asombrosa, no sólo en el país sino en el extranjero, pues es útil para los estudiosos y curiosos de la historia de México en Estados Unidos, Colombia, Perú, Argentina, España y Francia, entre otras latitudes. Por su parte, en este año de 2015 se inició la digitalización de la biblioteca, en particular de sus obras virreinales (que alcanzan una cifra de cerca de 8 mil piezas, aproximadamente). Empezamos con los reconocidos “incunables americanos”, es decir, los impresos mexicanos del siglo XVI cuya colección asciende a 18 obras, que sirvieron de material para la primera experiencia de digitalización. El siglo XVII se vio enriquecido con la apertura de la imprenta en la Puebla de los Ángeles; sin embargo, la bibliografía novohispana llegó a su máxima expresión en el XVIII, lo que naturalmente se refleja en la colección que ya se encuentra en línea.

El Centro de Estudios de Historia de México Carso agradece a todas aquellas personas que generosamente se han desprendido de libros o documentos para depositarlos en sus acervos. También a aquellos que han dado prioridad al CEHM en su rublo de adquisiciones. Da las gracias a investigadores, que mediante sus publicaciones han difundido nuestros acervos. Y finalmente expresa su gratitud a la Fundación Carlos Slim por el apoyo incondicional para el buen funcionamiento de una institución que hoy celebra sus 50 años y espera continuar por muchos más. 

Chimalistac, San Ángel, noviembre de 2015.


1 Entrevista con don Ricardo García Sáinz, 11 de junio de 2015. 
2 Soledad Loaeza, “Modernización autoritaria a la sombra de la superpotencia, 1944-1968”, en Nueva historia general de México, México, El Colegio de México, 2010, p. 648.
3 Entrevista con García Sáinz, op. cit.